Carne vacuna en Argentina: consumo en mínimos históricos por precios y menor oferta
🕒 Publicada el 15 de septiembre de 2026 a las 06:44 h
El consumo anualizado de carne vacuna cayó a 46 kilos por habitante, el registro más bajo en décadas, afectado por un alza de precios superior al 49% y una menor oferta en el mercado interno.
El consumo de carne vacuna en Argentina ha tocado un piso histórico, marcando el registro más bajo desde que se llevan estadísticas comparables. La drástica caída, que sitúa el consumo anualizado en 46 kilogramos por habitante, responde a una combinación de precios elevados y menor disponibilidad en las góndolas y carnicerías del país. El impacto en el bolsillo de los consumidores es contundente. Los principales cortes de carne vacuna experimentaron un incremento superior al 49% en el último año, haciendo que este alimento fundamental ocupe cada vez menos espacio en la dieta diaria de las familias argentinas. Las cifras sectoriales confirman la magnitud del retroceso. El consumo promedio se ubicó en torno a los 46 kilos por persona al año, lo que representa una merma de hasta 4,8 kilos menos por habitante en comparación con el año anterior. Este nivel no se registraba desde que se inició la serie en 2005, según los diferentes períodos de análisis. La explicación principal de esta tendencia se encuentra en la erosión del poder adquisitivo de los argentinos. La caída general de los salarios reales y la persistente inflación han reducido drásticamente la capacidad de compra de los hogares, obligando a muchos a buscar alternativas más económicas o a disminuir la frecuencia de consumo de carne vacuna. Paralelamente, el sector frigorífico señala que una mayor participación de las exportaciones en el mercado cárnico, sumada a una menor faena interna, también influye en la menor oferta para el consumo doméstico y, consecuentemente, en la presión sobre los precios. Desde el sector productivo en provincias como Chaco, por ejemplo, se atribuye parte de la situación a esta dinámica. El mercado interno de carne vacuna ha mostrado una contracción significativa. Los datos del primer semestre indican una caída superior al 11% en el consumo general, mientras que el período de enero a julio registró una merma del 12% en la demanda interna, reflejando la dificultad de los consumidores para sostener sus hábitos. Este fenómeno no solo impacta en la mesa de los argentinos, sino que también refleja un cambio en los patrones alimentarios y las prioridades de gasto de las familias en un contexto de alta incertidumbre económica. La carne vacuna, tradicionalmente un emblema de la dieta nacional, compite ahora con otros alimentos y con las necesidades básicas de subsistencia. La tendencia a la baja en el consumo de carne vacuna se consolida como un indicador clave de la situación económica del país, marcando un punto de inflexión en la relación de los argentinos con uno de sus alimentos más representativos.









